Nogal del Barranco (Juglans Regia L.)
Partiendo del aparcamiento del Nogal del Barranco, donde se encuentra el monumento a la Cabra Hispánica (endémica de la Sierra de Gredos), y pocos metros más arriba del quiosco, arranca la senda que nos conduce hasta el magnífico Nogal que da nombre al lugar; árbol centenario y singular incluido en el Catálogo de Especímenes Vegetales de Singular Relevancia de Castilla y León.
Se trata de un árbol singular incluido en el Catálogo de Especímenes Vegetales de Singular Relevancia de Castilla y León.
Sus medidas son las siguientes:
- Anchura = 21,8 m.
- Altura = 18,5 m.
- Diámetro = 1,30 m – 1,34 m.
Puesto de Cabreros «Vega de Barbellido»
Los puestos de verano de cabreros en la Sierra de Gredos
Desde el Nogal del Barranco se puede acceder a la Vega Barbellido donde existía un antiguo puesto de cabreros, que hoy se ha rehabilitado con fines didácticos por el Parque Regional de la Sierra de Gredos.
La actividad de los cabreros ha influido desde hace varios siglos en la cultura y el paisaje de la vertiente sur de la Sierra de Gredos.
Las familias de cabreros practicaban una forma de trashumancia de pequeño recorrido (la trasterminancia).
Pasaban la época de frio y lluvias en sus majadas a cotas más bajas, en las proximidades de los pueblos o en el fondo del Valle del Tiétar, pero al llegar el mes de mayo recogían sus pertenencias y sus animales y se trasladaban a puestos de verano donde permanecían hasta octubre, y regresaban entonces a sus majadas de invierno.
El motivo de esta práctica era aprovechar los pastos y arbustos de las zonas más altas de la sierra en los meses en los que los pastos de fondo de valle se encontraban agostados.
Construcciones.
En general se construía mediante muros de mampostería en seco, de planta circular, sobre los que se colocaba un empalado de forma cónica formado por rollos a modo de viga o rachones (tablones tallados con hacha o azuela) de roble, enebro o castaño, que a su vez iba recubierto por una techumbre impermeable de escobas o piornos.
El suelo de la choza y la quesera solía estar enlosado.
Un puesto de verano se componía de diferentes elementos constructivos:
- Choza: Utilizada como vivienda, con un lugar (lumbrera) donde hacer lumbre y guisar y, sobre él, a cierta altura se clavaba en la pared un palo, el jurganero, del que colgaban las llares (una cadena) con un gancho, del cual pendía el caldero. Su mobiliario era muy sencillo. Del techo colgaban las escarpias (guías de enebro), unos palos donde colocar enseres y alimentos. Asientos de madera con tres palos a modoo de patas. Camas hechas con cuatro horcas clavadas en el suelo, sobre las que se colocaban unos rollos a modo de base. Retamas recubriendo los rollos y colchones rellenos con hojas de maís, helechos o lana de oveja. Candiles de aceite o teas de pino para la iluminación. Y huecos del muro que servían de alacenas, las jadenas.
- Quesera: De menor dimensión que las chozas, es el lugar donde se elaboraba el queso y se conservaba fresco, gracias al agua que circulaba por un canal, procedente de un manantial o arroyo.
- Borriles: Pequeños corrales para guardar los chivos.
A todas estas construcciones y actividad ganadera existen ligados innumerables enseres como las gamellas, cinchos, candiles, trébedes, etc.
Alrededor de 1950 llegó a haber hasta nueve puestos de cabreros en la garganta donde está situada la Vega de Barbellido, además de otros puestos de ovejas (o borras).
La recuperación del patrimonio etnológico es de gran importancia para entender la historia de nuestros pueblos y paisajes, para mostrar así el respeto y homenaje a las gentes que participaron de esa cultura.