Inicio ¿Crisis?, ¿Que Crisis? No es serio

No es serio

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No soy economista, pero tengo cierta formación financiera y conozco el funcionamiento de los mercados financieros, he trabajado con productos financieros y con mercados de valores y he visto muchas cosas “poco serias”.

Al igual que existen grupos de industrias especializadas que se dedican a producir y negociar con productos como coches, medicamentos, electrodomésticos, ropa, perfumes… etc. Existe una industria muy potente que negocia con dinero, es decir compra y vende dinero en forma de productos financieros.

El mercado del dinero. Para las personas ajenas a este mundillo da un poco de miedo. Es uno de los negocios más serios y controlados del mundo…o quizá no tanto.

Para empezar, hablemos un poco del mercado de valores, es decir, la bolsa.

Una serie de empresas divide su capital en pequeñas partes y emite un número de acciones, asignado a estas acciones el valor de la fracción en la que ha dividido el capital.

En bolsa, uno de los principales mercados de dinero, se negocian estas acciones, es decir se venden y se compran. Los poseedores de ellas se convierten en dueños de una parte de la empresa representada por las acciones compradas.

Un buen día, un analista de bolsa llega a su despacho, llama a sus principales clientes y les dice “veo mal la cosa, podemos perder dinero…” y sus clientes le dicen “vende”. Esta venta supone más acciones en circulación, más oferta y las acciones bajan de precio.

Otro día o incluso el mismo día y hasta puede ser que el mismo analista desde su despacho, llama a sus principales clientes y les dice “veo bien la cosa, podemos ganar dinero…” y sus clientes le dicen “compra”. Esta compra produce que haya menos acciones en circulación, más demanda y las acciones suben de precio.

Quizá sea ésta una forma un poco simplista de explicar el funcionamiento de la bolsa, aun así, nos preguntamos ¿realmente puede haber cambiado el valor de una empresa en un mismo día?

No parece muy serio ¿verdad?

Ahora hablemos del producto financiero más comentado en este momento en los medios de comunicación de todo el mundo: La hipotecas subprime.

Todos sabemos lo que es una hipoteca, mejor dicho, un préstamo hipotecario.

El banco presta dinero y toma como garantía real la propiedad a  favor de la entidad financiera hasta que se devuelva el dinero prestado. De esta forma, si no se devuelve el préstamo, la entidad financiera dispondrá de la propiedad para recuperar el importe del préstamo.

Las entidades financieras que nosotros conocemos además de valorar a conciencia el riesgo de que el cliente no pague, sólo prestan un porcentaje del valor en el que tasan la propiedad, nunca la totalidad del mismo, así tienen la seguridad de que si no reciben sus pagos y llega el momento de recuperar el dinero prestado no tendrán pérdidas.

Ahora vamos a Estados Unidos, al otro lado del océano, otro mundo, otras formas, otra legislación. Imaginemos a un vendedor de hipotecas, si, ¿por qué no?, un vendedor. Al fin y al cabo, se trata de un producto más.

Este vendedor de hipotecas ofrece a una persona sin demasiada solvencia económica, dinero para comprar una casa, tasa la propiedad y le ofrece prestarle más dinero del que estima que vale en ese momento la casa, digamos por ejemplo el 120 por ciento del valor de tasación.

Estupendo –piensa esta persona- compraré la casa con el 100 por cien y con el 20 por ciento restante del dinero compraré un coche o me iré de viaje, o…

Negocio redondo –piensa el vendedor- he vendido una hipoteca por un importe más elevado. Como la vivienda está subiendo a un ritmo importante, en poco tiempo la propiedad subirá de precio y se cubrirá ese tanto por ciento de más que se ha prestado. En caso de que el cliente no pague, se vendería la casa a un precio más alto y se recuperaría el importe del crédito.

Esto tampoco perece muy serio ¿verdad?

Ahora, la entidad financiera que ha prestado el dinero coge una serie de deudas y hace un paquete sin importarle demasiado lo que hay dentro.

En este momento entra en juego otro vendedor de productos financieros que le pone un nombre muy serio del estilo a “Vehículo de inversión Estructurada”, lo lleva a Wall Street y lo pone a la venta.

Un bróker de Wall Street lo compra, cambia el nombre del producto por otro más serio todavía como por ejemplo “Fondo Estratégico de Crédito Estructurado de Alta Gama” (nombre auténtico de un producto de Bearns Stearns USA) trocea al paquete y lo vende. De esta forma es muy difícil saber exactamente lo que tiene dentro.

¿Qué es lo realmente importante? Pues que en todas las operaciones de compraventa hay comisiones que llenan los bolsillos de los intermediarios.

Al final, este paquete de contenido de dudosa solvencia en origen es comprado por una entidad financiera europea, ya lo tenemos aquí, al otro lado el océano y ni nos hemos enterado.

Volvamos a Estados Unidos, volvamos al cliente que compró la casa y el coche…o el viaje.

Recordemos que esta persona no tenía demasiada solvencia económica y por el motivo que sea no puede devolver el préstamo.

No importa, -piensa el vendedor- la casa habrá subido de precio y con su venta se recuperará con creces el dinero prestado.

Pero, mientras, algo pasa. El mercado de la vivienda ha hecho tope, ya no sube más, hay más oferta que demanda e incluso parece que los precios han bajado o van a bajar. ¿Cómo vamos a recuperar el dinero?

La noticia se propaga, llega a oídos del que compró el paquete de activos el cual también quiere recuperar su dinero y se lo exige a la entidad vendedora, pero la entidad vendedora no puede devolver el dinero ya que lo tiene empleado en una serie de propiedades que no puede vender al precio que esperaba hacerlo…Crack.

No es serio.

Los medios de comunicación hablan de estos productos como activos tóxicos.

Las entidades financieras –como práctica habitual- se prestan dinero entre ellas diariamente en un mercado interbancario para realizar sus negocios.

Cuando las entidades financieras empiezan a conocer el comportamiento de estos paquetes “tóxicos” que circulan por ahí, empiezan a desconfiar las unas de las otras, dejan de prestarse dinero entre ellas y si lo hacen es a unos intereses mucho más altos.

Esto produce dos efectos, por una parte, la falta de liquidez en las entidades financieras y por otra, el endurecimiento de las condiciones para dar créditos.

En este momento estamos en una dinámica un poco turbulenta, el crédito endurece sus condiciones, las pequeñas y medianas empresas no pueden acceder a más dinero y reducen gastos.

Habitualmente las reducciones de gastos conllevan despido de personal. Más personas paradas con menos dinero en el bolsillo gastan menos lo que provoca más reducción de gastos en las empresas, más paro…un círculo vicioso que tenemos que romper cuanto antes… Pero ¿cómo?

Y todo esto si es muy serio.

Fco. J. Huerta (2009)

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