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Me quiero ir de España

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Me quiero ir de España, pero no sé a dónde ir.

            No, no me malentiendan. No estoy huyendo de nada. Bueno, en realidad si huyo de algo.

Quiero huir de la mediocridad que tras acecharnos durante bastante tiempo creo que por fin ha caído de lleno sobre este país.

            Todo el mundo debería estar orgulloso de pertenecer a su país y por tanto todo el mundo debería estar dispuesto a trabajar duro por él y llevarlo a niveles de excelencia. Digamos que esto es una definición de patriotismo. No se equivoquen, no me estoy refiriendo a nacionalismos, separatismos ni ningún otro “palabro” terminado en ismo.

            Pero creo que hemos perdido el norte. Tras una larga lucha, logramos asentar la democracia en España, conseguimos llegar a un punto en el que el mundo nos respetaba por nuestra trayectoria. En el extranjero nos conocían por nuestra transición política, por la recuperación económica y porqué no, por nuestros monumentos, nuestras playas, los toros, la sangría, el flamenco, la tortilla de patata, los Sanfermines y unas cuantas cosas más.

            Sé que no es demasiado emocionante pero digamos que no estaba mal.

            Les voy a contar una historia.

En la década de los años 70 se introdujo en los ríos españoles el cangrejo rojo americano para repoblar los ecosistemas fluviales, los ríos, que por esa época estaban bastante despoblados.

Su gran capacidad colonizadora, su aclimatación y sus posibilidades de explotación comercial facilitaron su propagación por todas partes invadiendo la práctica totalidad de la península.

Este hecho, aunque aparentemente bueno, introdujo una variación importante en el ecosistema que causó que el cangrejo de río europeo que habitaba en nuestros ríos empezara a desaparecer. Es más, nuestro cangrejo está catalogado como especie en peligro de extinción.

Por supuesto esto se hizo con todas las de la Ley y con la intervención del Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA).

            No se asusten, no voy a hablar de cangrejos, pero sí de la plaga que está causando verdaderos estragos en nuestro país en este momento, pero eso sí, una plaga propagada con todas las de la Ley.

            No. No es el paro, ni la recesión económica ni la maldita crisis. Todo esto no son más que consecuencias de la plaga.

            Estoy hablando de una doble plaga que sufrimos en la actualidad, la plaga de políticos mediocres y la plaga de políticos corruptos.

            Tras la puesta en marcha de los gobiernos autonómicos, España se convirtió en un ecosistema que al igual que en el caso de los cangrejos, había que repoblar.

            Diecisiete autonomías, cuarenta y una Diputaciones, Juntas Generales, Cabildos, Consejos Insulares …etc. Tenían que ser “rellenados” de políticos. Y eso se hizo. Se rellenó con aproximadamente 80.000 políticos. ¡Una completa barbaridad!

            Pero esos casi 80.000 no son otra cosa que la primera fila visible del drama de una España invadida de políticos parásitos prescindibles. Hay otros 400.000 políticos incrustados, directa o indirectamente, en el Estado, con puestos de trabajo, casi siempre como directivos, en las distintas administraciones, instituciones, empresas públicas, consejos de administración, cajas de ahorros, universidades, partidos políticos, aparatos sindicales y cientos de espacios más de la sociedad civil, que han sido ocupados por un poder político enfermo de ansiedad irrefrenable.

            Los expertos creen que de ese casi medio millón de políticos colonizando el ecosistema político de España, sobran al menos la mitad. Suprimiendo esa inmensa legión de familiares, amigos, enchufados y aprovechados del poder, España quedaría libre de un lastre insoportable, que hoy le impide avanzar hacia la solución de sus grandes dramas económicos y sociales.

            Las consecuencias de la inmensa masa de políticos existente no solo afectan a la economía, que no puede soportar ese terrible lastre, sino que dañan también aspectos como la ética pública, la organización de la sociedad y el funcionamiento de un Estado justo e igualitario, sin olvidar que el exceso de políticos propicia la corrupción, la arbitrariedad de los poderes públicos y la caída de los valores. Aspectos que desgraciadamente componen los titulares de la prensa y televisión de los últimos tiempos.

            La monstruosa clase política es ya identificada por los ciudadanos como un problema de gravedad y figura en las encuestas como el tercero para la ciudadanía, con tendencia a ocupar el segundo puesto, solo por detrás del drama del desempleo, del que también se culpa a la clase política.

            Ahora nos conocen por el “Caso Palma Arena”, “Caso ”Gürtel”, “Caso Nóos”, “Caso Palau de la Música”, “Caso ITV” y un buen puñado más de tropelías de las que antes era difícil enterarse pero que gracias a las nuevas tecnologías de la información, se propagan por todo el mundo instantáneamente.

            Gracias a esto, cuando viajamos, en lugar de preguntarnos por la tortilla de patata nos preguntan por el “Caso Bárcenas”. ¡Que vergüenza!

            Al igual que los cangrejos de los que hablaba antes, esta plaga ha producido cambios profundos en el ecosistema en el que vivimos y si no mejora, seremos nosotros los que seremos catalogados como especie en peligro de extinción.

            Y ahora ¿Qué? ¿Nos vamos a vivir a otro sitio, a otro ecosistema? ¿A otro país? ¿A cuál?

            Si nos vamos a los países del norte de Europa… mucho frío y poca luz

            Si nos vamos a Inglaterra… es que no hay manera de aprender Inglés.

            En Alemania nos van a hacer trabajar como nunca hemos trabajado, pero para eso hay que aprender alemán y ser jóvenes recién titulados.

            ¿Rusia?.. bufff.

            Si nos vamos a EEUU nos pueden echar del trabajo sin indemnización y sólo tendremos una semana de vacaciones.

            Si vamos a China…

            En el norte de África no encontraremos trabajo, y en el resto de África no encontraremos trabajo ni casi nada más.

            Hemos perdido el norte, me quiero ir….pero me voy a tener que quedar.

            Fco. J. Huerta (2013)

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