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Margot Riofrío mención especial en el Concurso de Relatos Cortos «Otoño en Gredos»

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Premio Otoño en Gredos - Candeleda - TiétarTeVe
Mención Especial por el Rigor Histórico a Margot Riofrío Viñals de TiétarTeVe

El concurso de periodismo de relatos cortos estaba convocado por la Asociación Cultural Recreativa «Amigos de la Sierra de Gredos, Lugar del Emperador Carlos V» y los premiados han recogido sus premios hoy 9 de noviembre en un acto en Candeleda.

Concurso Relatos Cortos Otoño en Gredos - TiétarTeVe

Margot Riofrío Viñals redactora de TiétarTeVe ha recibido una mención especial por su rigor histórico en su relato «El Último viaje de Luis» que narra los últimos momentos del Infante don Luis de Borbón y Farnesio tras volver de Madrid de presenciar las bodas de sus sobrinos Carlota Joaquina y Gabriel con sendos príncipes portugueses.

Premio Otoño en Gredos - Candeleda - TiétarTeVe
Mención Especial por el Rigor Histórico a Margot Riofrío Viñals de TiétarTeVe

El relato premiado con la mención especial es el siguiente:

«El último viaje de Luis», por Margot Riofrío Viñals de TiétarTeVe

Este viaje me está matando. El camino no está preparado para mi vehículo. Es demasiado estrecho y las ruedas se salen de la carretera con cada bache. Tengo los riñones destrozados de tanto botar e ir de un lado para otro. Cada hora tengo que pedir que paren para bajar, asentar el estómago y estirar las piernas.

Llevo ya muchas horas metido en esta carraca. No sé si será lo cansado que estoy o el viaje, pero no me encuentro nada bien. Estoy deseando llegar a mi casa de Arenas de San Pedro y descansar junto a mi familia y mis amigos.

La casa de mi hermano queda a una gran distancia de Arenas y entre la ida, la vuelta y la estancia con mi familia, ya ni me acuerdo de cuánto tiempo llevo fuera de casa. Espero que Luisito, Mari Tere y la pequeña Luisa tengan tantas ganas como yo de abrazarnos. Les he echado mucho de menos todos estos días. Ha sido muy difícil tener que dejarlos en casa y no poder llevarlos a ver a sus tíos y primos. ¡Con lo bien que se lo habrían pasado!

Algunas decisiones de mi hermano Carlos son difíciles de entender, pero donde hay patrón no manda marinero y, cuando las acaté, sabía que era para siempre. Hay que saberse respetar a uno mismo, aunque con el corazón es muy difícil lidiar.

Espero que mis hijos sepan perdonarme en el futuro porque ni mi apellido les voy a poder dejar. ¡Tenía tantas ganas de formar una familia que no medí las consecuencias de mis actos!

Mª Teresa era demasiado joven para casarse conmigo a sus 16 años y medio cuando yo ya tenía 49 y ahora se aburre a mi lado sin su familia y amigos y sin la vida que llevaba en su ciudad. Ha sido un cambio muy drástico para ella y, además, tampoco he podido darle un hogar estable (aunque creo que esta casa que estamos construyendo ahora podría llegar a serlo cuando esté terminada).

La verdad es que echo mucho de menos mi casa de Boadilla. Allí sí que me lo he pasado estupendamente. La de fiestas y juergas que me he corrido allí con mis amigos y «amigas».  Después de la vida que me hicieron vivir en Toledo, tenía que resarcirme de algún modo. ¡Y vaya si lo hice! Carlos ya estaba escandalizado. Yo creo que fue lo que le decidió a dejar que me casara con Mª Teresa, a ver si sentaba la cabeza de una vez. En realidad era lo que yo quería provocar, así que no tengo motivos para quejarme.

Aunque lo del apellido de mis hijos y no poder llevar a mi familia conmigo a verles, me empieza a parecer demasiado cruel.

¡Otro bache! Como siga así el resto del viaje, no voy a poder llegar entero. ¡Qué mal cuerpo llevo!

– Fernando. Para un rato a ver si se me asienta el estómago con el aire de la sierra.

– Ahora mismo, señor.

¡Vaya vistas que hay desde aquí de la Sierra de Gredos! Siempre que llegamos aquí y bajamos esta cuesta es cuando más valoro donde vivo.

Esta Sierra de Gredos, al sur de Ávila, con este clima tan benigno y agradable es un lugar paradisíaco. Y con lo que me gusta la caza. No hay nada mejor que coger mi escopeta y subir a los montes en busca de esas majestuosas cabras que aquí habitan. Unas jornadas de cacería y se me olvidan las penas.

Y qué decir de las frutas que aquí crecen: los higos, las castañas, los olivos, las uvas, las cerezas, las sandías y los melones. ¡No había comido tanta fruta en toda mi vida!

Aquí se disfruta de un clima inmejorable. Espero que cuando llegue a casa, los cerezos ya estén bien crecidos y pueda disfrutar de ese manjar para cenar. Aunque, la verdad es que, todo el mundo me dice que no coma tantas en la cena porque me sientan mal. Pero yo me he puesto un límite que no paso jamás: 30 cerezas y paro.

Me encuentro un poco mejor. El calor ha bajado bastante al atardecer y empiezo a respirar mejor con el aire fresco de la sierra. A ver si llegamos pronto a la fuente del camino y bebo un poco de esa agua fresca y limpia que mana de esta Sierra.

– Vamos, Fernando. Sigamos camino que se nos va a hacer muy tarde y quiero llegar para ver a los niños despiertos.

Sólo meterme en el coche y ya me encuentro fatal otra vez.

La verdad es que estos días he cometido muchos excesos con la comida y con la bebida. Claro que la ocasión lo merecía. Dos bodas en pocos días y con tanta ceremonia ha sido un poco excesivo para mi forma física actual. Mi hermano Carlos ha casado con pocos días de diferencia a mi sobrina-nieta Carlota (hija de mi sobrino Carlos) y a su hijo Gabriel (mi sobrino) con dos hermanos portugueses de una gran familia, con grandes posesiones tanto a este lado como al otro lado del mundo, en las lejanas Américas.

Gabriel, a sus 33 años, ya era hora de que se casara, aunque Mariana, su mujer, con sólo 17 años me ha parecido muy joven para él. Pero lo de Carlota ha sido una barbaridad. Con tan solo 10 años, la han casado con el hermano de Mariana de 18 años. 10 años es muy poca edad para ir al matrimonio. Debería estar jugando con muñecas. ¡Qué penilla daba verla tan pequeña camino del altar! Espero que su padre, mi sobrino Carlos, haya valorado bien las consecuencias de una boda a una edad tan temprana. No me veo yo casando a mi Mari Tere o a Luisita tan pequeñas. Además, su madre no me dejaría, seguro.

¡Qué bien se vive en la capital! Y ¡qué precioso que es Aranjuez! ¡Cómo echo todo eso de menos, desde mi retiro arenense! Obras de arte por todas partes, bonitas obras de teatro y conciertos, tiendas, fiestas, preciosos jardines, eruditos y sabios dispuestos a compartir sus conocimientos científicos,… Verás cuando Mª Teresa vea la cantidad de obras de arte y libros que me traigo para aumentar mis colecciones. Ya estoy oyendo sus gritos cuando empecemos a descargarlo todo.

– «¿Pero no tienes nada mejor que traer a casa que huesos, pinturas, esculturas y cachivaches que nadie sabe para qué sirven? ¡Ya no cabe nada más en las estanterías!»

Menos mal que le llevo unos vestidos preciosos con los que lucirá su figura en sus paseos por los jardines y por las calles del pueblo.

Estoy deseando llamar a Francisco para que vuelva a retratarnos a todos juntos con nuestras nuevas adquisiciones de vestuario y decoración. Me encanta la obra que nos hizo el año pasado en la que salimos toda la familia reunida. Mª Teresa, mientras la peinaba su peluquero, y los niños y yo junto a nuestros amigos y sirvientes mientras yo jugaba un solitario a las cartas a la luz de una vela. Y, para colmo, este pintamonas casi caza tan bien como yo. ¡Hay que ver cómo nos lo hemos pasado los dos juntos por los montes detrás de conejos, cabras, liebres, jabalíes, zorros, perdices y palomas!

Y, hablando de mis amigos, Luigi me mandó un recado para decirme que había terminado una nueva composición y que estaba deseando tocarla en mi presencia. En estos años que lleva viviendo conmigo en Arenas ha compuesto 18 tríos, 48 cuartetos, 78 quintetos, 12 sextetos, 18 sinfonías, el “Stábat Mater” y unos villancicos dedicados a mi esposa que nos interpretó en la Navidad de hace un par de años. Aquello fue un momento en nuestras vidas difícil de olvidar. Este italiano es un auténtico genio de la música. Y ¡cómo se mueve! Ha sido capaz de vender su obra en toda Europa desde este pequeño pueblo abulense alejado de todo. No entiendo cómo lo ha conseguido. Claro que con el apoyo de Clementina, su mujer, y de sus seis hijos que le hacen tan feliz, no encuentra fin a su inspiración. ¡Qué envidia me da esa felicidad conyugal! Al lado de Mª Teresa nunca se sabe qué va a pasar.

Alejado de todo. ¡Qué verdad tan grande! Carlos no ha podido ser más duro conmigo. Y todo por miedo a que mis hijos puedan quitarle todo lo que ha conseguido para los suyos. Mis hijos todavía son muy pequeños y no se dan cuenta, pero seguramente algún día me lo van a reprochar. Aunque aquí no llevan mala vida, creo. Yo les enseño todo lo que aprendo en mis libros que son tantos y tan instructivos. Ahora mismo llevo varios baúles llenos de ellos para aumentar mi biblioteca.

Y con mi gabinete científico puedo compartir con ellos conocimientos de anatomía, botánica o del estudio de las estrellas lejanas que tan bien se ven en las noches arenenses. Y les enseño a cuidar del jardín y del huerto. Y juegan con mis faisanes, mis caballos, los gamos, osos, vacas, cabras, conejos, tejones y jabalíes.

La que más me preocupa es Mª Teresa. Yo sé que no es feliz a mi lado. Tantas mudanzas a nuestras espaldas hasta llegar a esta casa, todavía a medio construir. Primero Velada, luego Cadalso de los Vidrios y ahora Arenas. No me extrañaría que buscara otras distracciones que rompieran mi corazón, si es que no las ha buscado ya.

Hace rato que hemos pasado Ramacastañas, donde tengo mis huertas y mis otros árboles frutales. Ya sólo queda un último tramo de subida hasta llegar a mi hogar. ¡Qué ganas tengo!

– ¡Mª Teresa, Luisito, Mari Tere, Mª Luisa! Ya estoy en casa.

Subir por la escalinata de mi Palacio de la Mosquera, abrazado a mis hijos, es una de las mejores experiencias que he podido disfrutar en toda mi vida. Pero me encuentro tan mal…

Sólo quiero acostarme y tratar de reponerme un poco de este agotador viaje.

– – –

Ya han pasado varios meses desde que volví de la Corte de ver a mi hermano el Rey Carlos III en la boda de su hijo Gabriel con la Infanta Mariana Victoria de Portugal y de mi sobrina-nieta Carlota Joaquina con el príncipe Juan VI de Portugal, y no he mejorado nada en absoluto. Es más, creo que mi empeoramiento es tan evidente que nadie cree que tenga un futuro. Ni yo mismo lo creo.

Mi fin está muy cerca y tengo que tratar de poner orden en todos mis asuntos. Principalmente debo arreglar todo lo que tiene que ver con mi familia y su futuro después de mi muerte.

Voy a escribir una carta a mi hermano el Rey para que se haga cargo de mi mujer y de mis tres hijos, para que no les falte de nada.

¡Qué lástima no haber visto mi Palacio de la Mosquera terminado! Con los magníficos planos que dibujó Ventura Rodríguez para mí. Al menos financié algunas obras públicas necesarias en Arenas, como la fuente de la Regalá o la canalización del arroyo Guisete. Quizás el pueblo de Arenas de San Pedro pueda aprovechar este magnífico edificio para conservar todo el arte y el conocimiento que he conseguido reunir aquí: mi colección de animales disecados, mi pequeño zoológico, el gabinete de ciencias con tantos instrumentos físico-matemáticos, el laboratorio de física y astronomía, la enorme biblioteca y mi tan apreciada pinacoteca y galería de arte, con más de 900 obras en mi poder y casi 500 en este mi palacio de Arenas.

Y pobre Boccherini. ¡Qué va a ser de él! Trataré de buscarle un trabajo en la Corte de mi hermano en Madrid donde pueda seguir demostrando todo lo que vale.

«Hermano de mi alma. Me acaban de sacramentar. Te pido por el lance en que estoy que cuides de mi mujer y de mis hijos y de mis pobres criados».

Confío en que mi hermano sepa resarcir el daño que causó a mi familia confinándonos en el destierro y alejándonos de todo lo que nos pertenecía por derecho.

– – –

El 7 de Agosto de 1785 a las 05:45h de la madrugada, el Infante don Luis de Borbón y Farnesio murió en su Palacio inacabado de Arenas de San Pedro, el Palacio de La Mosquera.

No pudo cumplir su deseo de ser enterrado en la capilla de su Palacio de Boadilla del Monte ya que su hermano el Rey Carlos III ordenó que se le diese sepultura en la Capilla Real del Santuario de San Pedro de Alcántara, centro de espiritualidad de toda la comarca.

Se guardó luto en la Corte durante 3 meses, aunque su cadáver permaneció 5 días de cuerpo presente, por voluntad del mismo y en pleno mes de agosto, esperando que su hermano se desplazara a Arenas, cosa que Carlos III no hizo.

El 11 de agosto le dieron sepultura y su féretro se cerró con 3 cerraduras: una de plata y dos de bronce. Una permaneció en el convento y las dos otras se las dieron al rey.

Su viuda María Teresa quedó confinada en su palacio de Arenas hasta 1792 y la educación de su hijo Luis María se la encomendaron al arzobispo de Toledo. A sus hermanas las trasladaron al monasterio cisterciense de las Bernardas, también en Toledo.

En 1800, los restos del Infante Don Luis fueron trasladados, con todos los honores de príncipe real, al Panteón de los Infantes de El Escorial, por orden expresa del rey Carlos IV. De este modo, se reparó la injusticia cometida por Carlos III.

Diploma de Margot Riofrío - Concurso Relatos Cortos Otoño en Gredos - TiétarTeVe

Blog de la Asociación Amigos de la Sierra de Gredos-Lugar del Emperador Carlos V.

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