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El Vítor en honor a San Pedro Bautista en San Esteban del Valle

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Enrique Fernández Dégano, de San Esteban del Valle, escribe sobre el tradicional Vítor que se celebra en honor a San Pedro Bautista.

Vítor de San Pedro Bautista en San Esteban del Valle - TiétarTeVe
Vítor de San Pedro Bautista – San Esteban del Valle

Tenemos constancia de lo que pudiera considerarse el embrión del Vítor ya en los albores del s. XVII (1.601), a raíz de los acontecimientos que conmovieron entonces al pueblo, cuando fray Juan Pobre (testigo del martirio del Santo y de sus veinticinco compañeros) se acercó una tarde a San Esteban del Valle, desde el convento de San Andrés del Monte (hoy de San Pedro de Alcántara, en Arenas de San Pedro) para conocer y postrarse de rodillas ante el umbral de la casa de aquel hombre, Pedro Bautista que desde la cruz, clavado y lanceado, perdonaba a sus verdugos en la colina Nishizaka de Nagasaki, convertida en auténtico Gólgota japonés.

Al escuchar el relato de los hechos por boca de tan especial testigo, el pueblo (entonces 200 vecinos) que se habría congregado en la puerta de la casa del Santo, contagiado por el entusiasmo de nuestro visitante, aclamaría “vítores” y “vivas” jubilosos a su paisano a la par que fray Juan Pobre les mostraba el crucifijo de marfil que el santo entregó camino del calvario japonés y que el fraile dejaría en el pueblo como recuerdo. La semilla de nuestra celebración estaba sembrada.

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Las manifestaciones organizadas del Vítor tendrían lugar algunos años después, a raíz de la beatificación de los mártires en 1627; con la autorización del culto, la aprobación de los estatutos de la Cofradía del Santo (1628) y en el marco de las costumbres, forma de vida y literatura características de la primera mitad del siglo XVII.

En esos momentos predominaba en nuestra literatura áurea la décima o espinela, creada por Vicente Espinel, siendo uno de sus máximos divulgadores el gran dramaturgo, D. Pedro Calderón de la Barca.

En San Esteban del Valle la décima surge espontánea del sentir de los juglares del Santo que han sido numerosos a lo largo de la historia, como D. Juan Sánchez Robles que escribió en verso la Vida del Santo y posteriormente otros como los señores Claro Gómez, Esteban Navarro, José María Gómez y Damián Villacastín por citar los más representativos y tan injustamente relegados al olvido. Esta estrofa popular tan significativa en nuestra literatura de comienzos del s. XVII fue acogida también por los franciscanos como vehículo de expresión de su literatura seráfica, principalmente en honor a la Inmaculada. Pues en San Esteban la décima se convierte en herramienta lingüística decisiva para vitorear con acento típicamente barranqueño al franciscano y protomártir del Japón, San Pedro Bautista.

El Vítor de San Esteban del Valle - TiétarTeVe.com
Acompañantes en el Vítor con antorchas

La segunda mitad del s. XIX estaría marcada en nuestro pueblo por dos hechos de especial transcendencia: la Canonización del Santo y compañeros mártires por el papa Pío noveno en 1862 y la llegada al pueblo del cráneo del Santo, la Santa Cabeza, en 1891. Acontecimientos que servirían para dar un nuevo y vigoroso impulso al Vítor en su aproximación a formas de celebración más actuales.

En varias ocasiones San Esteban del Valle celebra sus fiestas patronales y dentro de ellas, la celebración del Vítor. El cinco de febrero se conmemora el martirio del Santo en una colina de Nagasaki (Japón), en 1597; el once de febrero la llegada al pueblo de la Santa Cabeza, donada por las “monjitas de Zamora”. En las fiestas de julio, la “función” que, en la actualidad se celebra el 7 de julio, se conmemora la inauguración de la Capilla del Santo (edificada sobre el solar de su casa natal, con donativos populares). Con anterioridad esta fiesta se celebraba el 29 de junio, onomástica de San Pedro y día del nacimiento del Santo. También tiene lugar la celebración del Vítor, el ocho de julio.

Uno de los elementos atávicos y plenos de simbología, de marcada presencia en el Vítor, lo constituye el fuego. Su desbordante presencia, en forma de teas o luminarias bien en las hogueras que antaño sembraban el recorrido del Vítor y se avivaban con serones, banastas, covanillos y otros enseres de mimbre, viejos, empleados en las faenas agrícolas, respondería a la necesidad de iluminar el recorrido en épocas en que se carecía de alumbrado o éste era deficiente. Pero resulta tan vivificante la presencia de este elemento que bien pudiera esconder significados más esotéricos. No sería esta última hipótesis el caso, stricto sensu, del Vítor, en el que el auténtico protagonista lo constituye la vida y martirio de San Pedro Bautista y el inefable y profundo sentimiento de fe y devoción de un pueblo hacia su Santo; elementos que forman la columna vertebral de esta celebración.

Otros elementos, además del fuego, como las caballerías, la música de la gaitilla, los pañuelos, los himnos al Santo, el cuadro del Vítor, “el que echa el Vítor”, los cohetes, el repicar de campanas, el sarro, los faroles, las décimas, los vítores de los asistentes… y otras manifestaciones de extremado tipismo forman parte de una celebración religiosa que se hizo merecedora de la declaración de fiesta de interés turístico regional por la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León en 1991.

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Cabe resaltar en esta celebración la presencia del caballo. El Vítor es una manifestación religiosa donde las caballerías adquieren un relieve de importantes características. El caballo, mulo, asno… de gran importancia en otro tiempo en la vida agrícola del pueblo son utilizados también para vitorear al patrón; además, aparejados y el caballero ataviado con pañuelo a la cabeza (también lo llevan muchas personas de la multitud de a pie), constituyendo una estampa vistosa y colorista. Al Vítor no hay que ponerle ni quitarle nada, pero algunos de sus elementos son susceptibles de mejora y es éste precisamente uno de ellos. Deberían potenciarse e incentivarse aún más algunos aspectos como el enjaezado de las caballerías, el vestuario de los jinetes con el uso generalizado de los blusones tradicionales etc.; pues son elementos de indudable riqueza folclórica y cultural.

Otra costumbre que iba cayendo en desuso poco a poco hace años era la de que la multitud de a pie se ataviara con los típicos pañuelos a la cabeza, a la manera nipona, cuyo ornato semejaba, en otras épocas, al cachirulo aragonés. Es loable, en este sentido, el impulso que la Cofradía del Santo dio a raíz de la celebración del primer centenario de la llegada de la Santa Cabeza, promocionando su uso; con la imagen del santo impresa y de color rojo, símbolo de la sangre del martirio.

Santa Cabeza de San Pedro Bautista en San Esteban del Valle - TiétarTeVe

No quisiera finalizar este apunte sin hacer alusión a otros dos momentos sobresalientes del Vítor (aparte de la concentración de jinetes y asistentes en el cotano del Santo, frente a su capilla, en el inicio y del recitado de décimas en los lugares señalados por la tradición) que destacan por su vistosidad y tipismo como son la veloz carrera de corceles hacia la iglesia parroquial, por la empinada calle de la Cuesta, arrancando chispas al cemento y sin que medie premio alguno para el ganador y la puja de los barranqueños por “clavar el Vítor”, momento estremecedor para todos los presentes que marca el fin de la celebración y honor reservado exclusivamente a los bautizados en la misma pila bautismal de la iglesia parroquial en la que fue bautizado Pedro Bautista.

FUENTE: Enrique Fernández Dégano San Esteban del Valle (Ávila)
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