El Infante don Luis de Borbón y Farnesio

El Infante don Luis de Borbón y Farnesio. 1727-1785

Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, Infante de España, Cardenal-Primado, Arzobispo de Toledo y de Sevilla, XIIIº Conde de Chinchón, nació en Madrid en 1727 y falleció en Arenas de San Pedro en 1785.

Fue el menor de los hijos varones de Don Felipe V de Borbón y Baviera (1683-1746) y de Doña Isabel de Farnesio, Princesa de Parma (1692-1766), Reyes de España y de las Indias. Tuvo por hermanos a los reyes Luis I (1707-1724), Fernando VI (1713-1759), Carlos III (1716-1788) e infantes María-Ana (1718-1781) reina de Portugal, Felipe I (1720-1765) duque de Parma, de Plasencia y de Guastalla, María-Teresa (1726-1746) Delfina de Francia, y de María-Antonia (1729-1785) reina de Cerdeña y Piamonte.

La Infancia de un Infante de España

El 25 de Julio de 1727 nació Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, Infante de España, en el Palacio del Buen Retiro de Madrid. Su primer nombre de pila le fue impuesto en honor y en memoria de su ya fallecido medio-hermano mayor Luis I, rey de España en 1724, siendo apadrinado por su otro medio-hermano Don Fernando, Príncipe de Asturias (y futuro rey Fernando VI en 1746). Fue criado y amamantado por 3 nodrizas manchegas a lo largo de dos años.

En 1728 su padre no estando muy en sus cabales y pasando por momentos de crisis, intentó en repetidas ocasiones renunciar formalmente a la corona en favor de su heredero Fernando, gestos sucesivamente evitados “in extremis” por Isabel de Farnesio, la cual tuvo a bien hacer desaparecer del alcance de su marido tinteros, plumas y papeles para que no llegara a redactar su abdicación.

En 1729, la corte de Madrid celebraba el doble enlace de la infanta María-Ana con Don José de Portugal, Príncipe de Beira (futuro rey José I de Portugal), y de la hermana de éste, la infanta María Bárbara de Portugal con el Príncipe de Asturias Don Fernando. Ese doble enlace hizo menguar el entorno familiar ya que la infanta española, convertida en Princesa de Beira, pasó a la corte lisboeta y los Príncipes de Asturias fijaron su residencia en el vetusto Alcázar de Madrid.

El 27 de Enero de 1729, con objeto de mejorar la depresión crónica del rey Felipe V, la Familia Real se traslada con toda la corte a Sevilla, donde poco a poco se hizo notable la mejoría del soberano. De allí se trasladó en 1731, el Infante Don Carlos a Italia para hacerse cargo de los ducados de Parma, Plasencia y de Toscana. Ese año, el Infante Don Luis contaba con 4 años de edad y no volvería a ver a su hermano hasta pasado 28 años, y como Carlos III, rey de España.

A principios de 1733 estalla la guerra de sucesión polaca, provocando el regreso de la Familia Real a Madrid, ante la posibilidad de aprovechar el conflicto en beneficio de la Corona Española y recuperar los reinos de Nápoles y de Sicilia. El mismo año, la Familia Real se instala en el Real Sitio de Aranjuez, donde el infante Don Luis pasaría el resto de su infancia en compañía de su madre y hermanos/as.

En 1734, en plena guerra, el Infante Don Carlos, entonces duque de Parma, conquista los reinos de Nápoles y de Sicilia, con la consiguiente pérdida de sus ducados del Norte de Italia. Ese mismo año, en Nochebuena, arde el viejo Alcázar de Madrid y los Príncipes de Asturias tienen que trasladar su residencia al Palacio del Buen Retiro, dándose a conocer la imposibilidad física del heredero del trono de engendrar hijo alguno.

De Infante a Cardenal-Primado

El Infante don Luis de Borbón niñoDon Luis había pasado sus primeros 7 años al cuidado de las mujeres, conforme a lo que estipulaban las costumbres de la Casa Real Española. Al cumplir los 7 años de edad, el Infante pasó a depender del cuidado de los hombres de su cámara, siendo nombrado como ayo suyo el marqués Aníbal Scotti. En esos años de aprendizaje, estudió geografía, historia, religión, música, dibujo, francés, italiano, castellano y todo cuanto un príncipe debía saber.

En el ámbito familiar, el Príncipe de Asturias se preparaba para suceder en el trono a Felipe V, el Infante Don Carlos se había izado hasta los tronos de Nápoles y de Sicilia con el nombre de Carlos VII, y aún se albergaban esperanzas de recuperar los ducados italianos de Parma y de Toscana para el Infante Don Felipe, puesto que la reina Doña Isabel era la heredera legal de los Farnesio de Parma y de los Médicis de Toscana.

Para el Infante Don Luis no parecía quedar otra vía que la carrera eclesiástica… En 1734 había fallecido el cardenal-primado de España Don Diego de Astorga y Céspedes, arzobispo de Toledo, lo que atrajo la atención de la reina Isabel, la cual pensó oportuno que su último vástago por colocar obtuviera una mitra que simbolizaba la máxima autoridad eclesiástica del reino.

Luis de Borbón y Farnesio - CardenalFue dicho y hecho: Felipe V cursó petición al Vaticano mostrándose deseoso de que Toledo fuera para su último retoño varón y, aunque el Papa Clemente XII tuvo reparos en conceder semejante petición (más que nada por la tierna edad del príncipe postulante), y ya molesto por la creciente influencia de los Borbones en Italia, se acabó por cerrar el asunto a favor del joven infante español. El 10 de Noviembre de 1735, es nombrado administrador perpétuo en lo temporal de la diócesis de Toledo y, el 9 de diciembre siguiente, se le concede el capelo cardenalício contando los escasos 8 años de edad, como cardenal-diácono de la Santa Romana Iglesia de Sta. María della Scala.

Al concluír en 1736 la guerra de sucesión polaca, la corte española pareció entrar en una época pacifista, pero ante el temor de una recaída en la salud del rey Felipe V, la reina multiplica las actividades de la corte: conciertos, bailes, cacerías… El 13 de marzo del mismo año, el Infante Don Luis toma oficialmente posesión de su diócesis toledana y, el 26 de Noviembre de 1737, el Papa Clemente XII le otorga la administración espiritual de la misma.

En esa época recae gravemente el rey y la reina manda traer al castrato Farinelli, cuyo canto calmaba en los momentos críticos al soberano. El 25 de agosto, en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, el canto de Farinelli produce la milagrosa recuperación de Felipe V. Se convierte entonces el cantante en el “inseparable” compañero de sus majestades, cuya voz parece mantener al rey dentro de los límites de la razón, alejándole de la locura y de la melancolía.

El bullício y las actividades culturales de la corte española están entonces en su auge. 1738 y 1739 son fechas que marcan reales enlaces en el seno de la Casa Real: Carlos VII de Nápoles y de Sicilia casa con la princesa Maria-Amalia de Sajonia, hija del rey Augusto III de Polonia, y el Infante Felipe, duque de Parma, desposa a la primogénita del rey Luis XV de Francia.

En 1740, al fallecer en Viena el último representante varón de la Casa Imperial de Habsburgo, el emperador Carlos VI de Austria, se abre de nuevo la veda para una guerra a escala europea: es la Guerra de Sucesión Austríaca. Un año más tarde, el Infante Don Luis es investido arzobispo de Sevilla y administrador temporal el 19 de noviembre de 1741. En febrero de 1742, su hermano Felipe marcha a Parma para posesionarse de sus ducados italianos. No se volverían a ver jamás.

Del 12 al 14 de febrero de 1743, se celebró en Madrid la concesión del capelo cardenalicio al Infante Don Luis, con gran solemnidad. Al poco, es su hermana la Infanta María-Teresa la que abandona España para casarse con el Delfín de Francia, heredero del rey Luis XV. Ésta fallecería 3 años después y tras dar a luz a dos hijas muertas en la cuna.

Durante la minoría de edad del cardenal-Infante, las sedes arzobispales estuvieron a manos de administradores, y durante su estancia en la corte, el príncipe mostró su poca inclinación por la vida monástica, albergando serias dudas sobre su carrera en el seno de la Iglesia. No llegaría nunca a ser ordenado sacerdote. Sin ser especialmente un príncipe brillante y de grandes prendas, Don Luis sufría de una madre absorbente y muy posesiva, amén de una pobre educación, pareciendo irresponsable, callado y distante. Su único interés radicaba en la cinegética, la gran pasión de todos los Borbones.

La Renuncia

En 1746 muere su padre Felipe V y su madre Isabel de Parma es recluída en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, por orden de su hijastro el nuevo monarca Fernando VI. La incurable propensión de la reina viuda por las intrigas y el entrometimiento en asuntos de Estado, molestan en la corte. Pero a esa molestia, se suma que la nueva reina Bárbara de Portugal no se lleva nada bien con su suegra y viceversa, y como una de las dos sobraba en la corte ya que reina solo puede haber una, la suegra tuvo que hacer sus baúles y alejarse de Madrid. A su retiro se añadieron sus hijos los infantes Luis Antonio y María Antonia, y la esposa de su hijo Felipe, Luisa Isabel de Francia.

A sus 24 años, Don Luis aún estaba bajo la tutela de su anciano ayo italiano el marqués Aníbal Scotti, encontrándose su propia casa en el mayor caos y desorden administrativo. Como el rey Fernando VI le tenía en gran estima, permitió que Luis frecuentara la corte de Madrid con cierta asiduidad, y así aprovechaba para mantener puntualmente informada a su madre de todo lo que ocurría en ella.

Cuando en 1748 ya se da por terminado el conflicto europeo de la Guerra de Sucesión Austríaca, en la que España metió baza para recuperar sus reinos italianos, se consigue a través del Tratado de Aquisgrán que los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla sean adjudicados al Infante Don Felipe de Borbón, sucediendo a su hermano Carlos en esos Estados del Norte de Italia, su mujer Luisa Isabel abandona definitivamente el Palacio de La Granja de San Ildefonso para tomar rumbo a Parma y reunirse con Felipe.

En diciembre de 1749, la Infanta María Antonia es desposada con el Príncipe Heredero de Cerdeña, Víctor-Amadeo de Saboya, y se afianzaron los tronos de los Infantes Felipe y Carlos en Parma y en Nápoles respectivamente. El único hermano que se queda en España es, evidentemente, Don Luis que permanece junto a su madre.

Soltero y Emancipado

En 1756 se sabe que los reyes Fernando VI y Bárbara iban con frecuencia a cazar en los alrededores del castillo de Villaviciosa de Odón, junto con el Infante Don Luis. Pero, dos años más tarde, el 27 de agosto de 1758, la reina Bárbara murió de un cáncer de útero tras horrendos sufrimientos. Aquella muerte sumió en una irreversible depresión al rey Fernando que, paulatinamente le arrastraría a un estado de desequilibrio mental.

Ya el mismo día de la muerte de su amantísima esposa, el rey abandonó apesadumbrado Madrid en compañía de su hermanastro Don Luis, retirándose al palacio de Villaviciosa de Odón. Allí iba a pasar sus últimos meses de vida, hablando contínuamente de ella, y negándose a ver a nadie excepto a Don Luis y a unos escogidos amigos cercanos. Su estado mental empeoró en los últimos meses, volviéndose muy violento; cuentan testigos que dormía el rey en un sucio jergón de paja, que no se mudaba de ropa y se hacía encima las necesidades, preso de alucinaciones durante el día, y padeciendo pesadillas por la noche. Obligarle a asearse era toda una aventura, pues estaba convencido que querían envenenarle y no dejaba que nadie le tocara.

Sin herederos, Fernando VI testó a favor de su medio-hermano Don Carlos VII, entonces rey de Nápoles y de Sicilia, nombrándole sucesor suyo en el trono de España. El 10 de agosto de 1759, casi un año después de enviudar, el rey rindió el alma y la regencia fue inmediatamente asumida por la reina viuda Isabel de Parma, afligida por una catarata que la deja casi ciega.

Desde Villaviciosa partió Don Luis a Guadalajara, siguiendo las directrices maternas, a recibir a su hermano Carlos, el cual no llegaría hasta el mes de diciembre. De cualquier modo, madre e hijo asumieron la regencia en su ausencia y esperaron a que llegara Don Carlos para posesionarse del trono. Conforme al tratado de Aquisgrán, Carlos debía renunciar al trono napolitano para heredar el español, abdicando en su hermano el Duque Felipe I de Parma, aunque él deseaba hacerlo a favor de uno de sus hijos mayores, cosa que hizo con grandes dificultades: siendo su primogénito Felipe aquejado de imbecilidad, abdicó en su 3er hijo varón menor de edad, Fernando IV, pues el 2º Carlos estaba destinado a ser el próximo príncipe de Asturias y sucesor suyo en España.

Al heredar Carlos la corona española de su difunto medio-hermano Fernando VI, conforme al Tratado de Aquisgrán, debía dejar el reino de Nápoles a su hermano Felipe, duque de Parma y éste, debía devolver sus ducados a Austria y a Cerdeña. No obstante, Carlos VII de Nápoles-Sicilia consiguió que estos, en plena guerra con Prusia y Gran-Bretaña, aceptaran en su defecto una indemnización y consintieran que cediese los tronos napolitano y siciliano a su 3er hijo varón, don Fernando, aún menor de edad. El 1º, don Felipe, por ser retrasado mental fue apartado de sus derechos sucesorios tanto en Nápoles como en España, y el 2º, don Carlos fue designado como apto a la sucesión española y destinado a posesionarse del título de los herederos, el de príncipe de Asturias.

El 19 de julio de 1759, Carlos III fue investido rey de España y su hijo de 11 años, Carlos, jurado príncipe de Asturias. No obstante, el propio Carlos III sabía que ninguno de sus hijos tenía derecho a ser su heredero, por haber nacido y sido educados fuera de España, conforme a la Ley de Sucesión de Felipe V y su subordinación a la Ley de Toro. Eso, en la práctica, quería decir que en realidad el infante que tenía que heredar por ley la corona española después de Carlos III, era el mismísimo Infante Don Luis Antonio de Borbón, puesto que él si había nacido en territorio español.

Desde luego, no hay constancia de la opinión del interesado en ese asunto sucesorio, aunque está bien clara la sumisión del infante ante su hermano mayor Carlos III, por su acatamiento de las órdenes y disposiciones de éste.

En un principio los dos hermanos se alegraron del reencuentro y compartieron, desde entonces, cacerías y entretenimientos, más aún cuando en 1760 falleció repentinamente la reina Maria-Amalia de Sajonia, al poco de instalarse en Madrid. Pero a pesar del afecto fraternal, don Luis Antonio pronto comenzó a verse forzado al celibato, pues su hermano y rey le cerraba el paso a cualquier proyecto matrimonial con princesas extranjeras, para evitarse problemas sucesorios, evidentemente.

El Patrimonio del Infante

luis-antonio-de-borbon_13oconde-de-chinchon_1727-1785Don Luis no contaba con bienes propios que poder dejar a sus futuros descendientes, aunque recibía importantes rentas de muchas encomiendas militares, que le suponían el control de extensísimas propiedades rurales por toda la mitad sur de la península, ya que había sido investido, desde niño, con los habitos de las 4 órdenes militares. Procedió entonces a hacerse con su propio patrimonio.

En 1761, don Luis compró el señorío de Boadilla del Monte a la señora de Mirabel, por la suma de un millón doscientos mil reales, que aumentó con compras a los concejos de Boadilla y Pozuelo de Alarcón, a los premonstratenses de San Joaquín de Madrid y a las monjas de Sta. Clara de Boadilla, y el mismo año compró a su hermano don Felipe I de Parma, por 14 millones de maravedís, el extenso condado de Chinchón, lindante al señorío de Boadilla y de Madrid.

Palacio de Boadilla del Monte - TiétarTeVeRealizadas las compras, emprendió obras de mejora en todos sus estados y ordenó al arquitecto Ventura Rodríguez la construcción en Boadilla de un palacio de estilo neoclásico entre 1763-1765. Allí empezaría a reunir una rica pinacoteca y una amplia colección de libros, relojes, muebles y varios objetos de valor artístico. En los siguientes 15 años, Boadilla se convirtió en la sede de una pequeña corte ilustrada con la presencia de gran número de artistas y grandes festejos.

Herencia, Soltería y Líos de Faldas

En 1766, tras el motín de Esquilache, Carlos III se retira al Palacio de Aranjuez, donde fallece su madre Isabel de Parma, viuda de Felipe V. Por testamento, Isabel había dejado a su hijo Luis cantidad de objetos de gran valor, además de una extensa y valiosísima colección de pinturas, que fueron a parar al palacio de Boadilla del Monte. Pero la desaparición de su madre hizo, si cabe, más obvia la falta de familia del infante llevándole a meditar seriamente sobre la posibilidad de contraer matrimonio. Sin embargo, Carlos III seguía empecinado en que Luis se mantuviera célibe para evitar problemas sucesorios. Cualquier intento de abordar el tema, acababa con un “No” rotundo de su hermano el rey. En consecuencia, y dada la líbido del príncipe, éste tuvo que desahogarse y buscar amor y sexo lejos de la corte, y lo encontró en el vivero femenino del pueblo llano para que no pusiese en peligro su alta posición.

La primera de la lista fue una tal Mariquita García que, al quedarse preñada del infante, fue desterrada a Palencia por el presidente del Consejo de Castilla. Dió a luz a un hijo varón sobre cuya paternidad no existen dudas.

Le sucedió Antoñita María Rodríguez, que a su vez dió a luz en 1769, otro hijo ilegítimo al infante llamado José de Flores. Y la lista sigue imparable. A la postre, los devaneos de don Luis le pasaron factura: contrajo una enfermedad venérea, posiblemente la sífilis.

El Cuarto del Infante Don Luis

Don Luis de Borbón, Infante of Spain (1727-1785), in court dress, with the insignia of the Orders of the Golden Fleece, St. Januarius and Saint-EspritEl infante tenía a su servicio, desde los 7 años, lo que se conocía como “el Cuarto del Infante”, pequeña corte dotada de una numerosa servidumbre nombrada por el rey o directamente por don Luis, y en la que habían capellanes, médicos, sangradores, cirujanos, tapiceros, sastres, pintores, escultores, relojeros, arcabuceros, cerrajeros, etc., así como un buen número de personal para proveer de todo lo necesario para la caza de Su Alteza Real.

Desde 1757, el pintor genovés Francesco Sasso fue profesor de dibujo del Infante Don Luis en el Palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia). Tras la muerte de la reina viuda Isabel de Parma, Sasso pasó al servicio de Don Luis como su pintor de cámara. También gozaron de su protección Jacinto Gómez Pastor, Manuel de La Cruz, Antonio Giovanni Barbazza, Charles J. Flipart, Antonio Ponz Piquer o las pintoras Ana Mª Mengs y Francisca Menéndez.

A partir de 1774, el pintor Paret, además de granjearse la protección de don Luis, el cual le pagó sus estudios en Roma, ganó también su amistad y confianza en asuntos más intimos; por lo visto le organizaba las correrías amorosas haciendo función de alcahuete, no sin escándalo pues el asunto trascendió hasta oídos de Carlos III. En represalia, el rey desterró a Paret a Puerto Rico en 1775, y alejó al infante de la corte de Madrid. La enemistad del severo y desagradable Padre Eleta (apodado “el Alpargatilla”), confesor de Carlos III, determinó la condena con más ensañamiento.

El embajador francés en Madrid relata: “el Infante don Luis tiene una predilección muy violenta por las mujeres. Hace tres o cuatro años que el rey, su hermano, informado de estas citas secretas, trató de poner fin a ello sin escándalos; el infante se hizo curar de una cierta enfermedad muy común en España y todo pasó bien; pero este príncipe, impulsado por su temperamento, se había buscado los medios para disponer de tres chicas a las que veía alternativamente durante los días de caza en el bosque, en los momentos en que estaba alejado del rey, a quien acompañaba siempre (….) en cuanto a las chicas y sus parientes, han sido echados y perseguidos.”

Don Luis pidió disculpas al rey y volvió a pedirle permiso para contraer matrimonio.

Matrimonio y Destierro

El rey se vió finalmente en la obligación moral de proporcionar matrimonio a su hermano Luis, aunque sin por ello dejar de proteger los intereses de sus herederos. Así pues, y para asombro del Infante, le propuso matrimonio con su propia hija la Infanta Mª Josefa, suponiendo el rey que por ser pequeña y contrahecha, seguramente su hermano no obtendría descendencia. Aunque en un principio la infanta aceptó, se echó atrás por temor a que su tío no estuviese del todo curado de su enfermedad venérea.

En 1776, abortado el proyecto de boda con su propia hija y ante la urgencia de su hermano, Carlos III accedió por fin a su boda pero, como no deseaba dejar el menor detalle al azar que pudiese aprovechar don Luis o sus futuros hijos para reclamar el trono, dictó una pragmática mediante la cual se apartaba del trono a todo infante que se casara con persona que no fuera de sangre real o cuyo matrimonio no fuere consentido por el rey. Y en el caso de que tal matrimonio se produjera, los hijos habidos no heredarían ni el apellido ni las armas de los Borbones españoles.

Carlos III pudo maniobrar a sus anchas ya que su hermano no discutió los términos de la pragmática, dado su falta de carácter y su escasa ambición; se limitó a solicitar al rey la licencia real para su matrimonio. Le corría prisa y firmó conforme su renuncia y lo que hubiere hecho falta.

Luis Antonio no estaba enamorado de dama alguna y la tan deseada esposa fue buscada entre las más idóneas. Inmediatamente muchas familias nobles propusieron a sus hijas, como una del duque de Parque o una sobrina del marqués de Campo Real. La elección recayó finalmente en una modesta sobrina del marqués de San Leonardo, que vivía recogida en la casa de éste en el Real Sitio de La Granja, siendo su tía la marquesa quien, velando por los intereses de la joven, había aireado su candidatura. El tío de la muchacha la definió “de buena cara, buena índole, sumo recogimiento, mucho entendimiento, mucha inocencia y gran educación.”

Se llamaba María Teresa de Vallabriga y Rozas, nacida el 6 de noviembre de 1759 en Zaragoza (era pues 32 años más joven que el infante), y pertenecía a una buena familia de la nobleza aragonesa: era hija de un coronel del ejército de voluntarios de a caballo y de la condesa viuda de Torresecas; quedó huérfana en 1773. Los novios solo se habían visto fugazmente en los jardines de La Granja, y al infante pareció gustarle la tierna pollita maña.

Como regalo de compromiso, don Luis le ofreció muchas y valiosas joyas, entre ellas un hermoso collar de 1.114 diamantes por valor de 143.410 reales.

La boda se celebró en la capilla del palacio de los duques de Fernandina en Olías del Rey, el 27 de junio de 1776. Como único festejo añadido al ceremonial hubo una serenata especialmente compuesta por Luigi Boccherini. Por lo demás, todo transcurrió en la más estricta intimidad. La luna de miel se pasó en el palacio de los condes de Altamira, en Velada, donde llegaron el 3 de julio, y tomaron residencia en una finca cercana mientras el rey les buscaba una residencia fija y bien alejada de la corte.

De allí partieron a Cadalso de Los Vidrios, hospedándose en el palacio de Villena. Fue allí donde les nació el 1er retoño, un varón llamado Luis María el 22 de mayo de 1777…

Pero la estancia se acortó inesperadamente: los servidores de palacio trataron de modo tan altanero a los vecinos del pueblo, que éstos acabaron apedreando el palacio y forzando a la familia a buscar nueva residencia. Y fueron a parar a Arenas de San Pedro, lugar que ya gustó al infante por ser un excelente paraje de caza, cuando pernoctó anteriormente en la casa de los señores Lletget, en el curso de una de sus cacerías. En 1778 fijaron definitivamente su residencia en Arenas, ocupando el palacio viejo de los duques de Frías, mientras su séquito era alojado en muchas casonas y corrales del lugar. Allí nació su 2º hijo varón, Antonio Mª el 6 de marzo de 1779. Desgraciadamente, el niño falleció en diciembre del mismo año.

Palacio de la Mosquera de Arenas de San Pedro - TiétarTeVe

Palacio de la Mosquera de Arenas de San Pedro

El ayuntamiento de Arenas de San Pedro les cedió algunas tierras para la edificación de un nuevo palacio a cambio de la financiación de ciertas obras públicas necesarias en el pueblo, como la fuente de la Regala, la canalización del arroyo Guisete, etc. Y en 1780 se empezaron las obras para levantar el Palacio de La Mosquera.

El mismo año, la hermana del infante, Maria-Ana-Victoria de Borbón, reina de Portugal, le rinde visita en Arenas encontrándole triste y abatido. El 25 de agosto de 1780, don Luis redactó su testamento y se lo comunica a su amigo don José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca; sin embargo, y dos años después, el infante lo actualizó y añadió nuevas cláusulas porque su esposa había parido el 26 de noviembre de 1780 a una niña, Mª Teresa Josefa, y el 6 de junio de 1783 a otra, Mª Luisa Fernanda, ambas en el Palacio de Velada, pues parece ser que a Dña. Mª Teresa de Vallabriga, Condesa de Chinchón, le daba miedo volver a alumbrar en Arenas de San Pedro.

El matrimonio de los Condes de Chinchón

La familia del Infante don Luis de Borbón y Farnesio en Arenas de San Pedro - Goya

En 1783, el Infante don Luis y su esposa, Maria-Teresa de Vallabriga, XIIIº Condes de Chinchón, e hijos, se trasladaron al nuevo palacio, aún en construcción, de Boadilla del Monte. Ventura Rodríguez dotó el palacio de jardines, escalinata, torreones, oratorio, etc. El Infante pasaba sus horas entre la caza y una gran dedicación a sus preciados libros, sus colecciones de arte y aficiones artísticas y científicas. Fuera de su vida familiar, don Luis seguía acudiendo a la corte madrileña de su hermano el rey Carlos III, donde no podían ser recibidos ni su esposa ni sus hijos.

Parece ser que fue Ventura Rodríguez, o puede que el propio conde de Floridablanca, quien llevó a Francisco de Goya a conocer al Infante don Luis, con el que al parecer mantuvo cordiales relaciones. En la pequeña corte del Infante, el pintor gozó de sus primeros triunfos y éxitos. Durante el año de 1783, realizó varios retratos al matrimonio y a sus hijos. Entre 1783 y 1784, Goya llegó a pintar no menos de 17 cuadros, cuadros que decorarían las paredes del palacio de Boadilla del Monte. A partir de entonces, y gracias al patronato del Infante don Luis, los personajes ilustrados de la corte descubren el talento de Goya y comienzan a encargarle retratos.

Condesa de Chinchón en el Palacio de la Mosquera de Arenas de San Pedro - GoyaGoya recuerda con agrado su estancia en Arenas, y conmovido cuenta por carta a su amigo Martín Zapater sobre sus cacerías con don Luis: “He salido dos veces a cazar con Su Alteza y tira muy bien, y la última tarde me dijo sobre tirar a un conejo; este piamontés aún es más aficionado que yo.”

Con el tiempo, el ambiente familiar fue enrareciéndose y acabó en interminables altercados domésticos. Se llegó a rumorear que la Condesa de Chinchón mantenía relaciones con cierto sirviente llamado Francisco del Campo, que fue trasladado a Madrid. La casa del infante había caído en el mayor desorden, del que se culpaba a su esposa, tachándola de orgullosa, altanera y maleducada. El Infante vivía intimidado por ella quien llegaba al insulto público más descarado. El confesor de don Luis, fray Urbano de Arcos, escribió al ministro Floridablanca:

“…es muy regular que a S.A. le haya precisado a hacer las vajezas, que acostumbra, como pedir perdón de rodillas, con los demás, que con harto dolor mío, he presenciado otras veces.”

Enfermedad y muerte

En 1785, el Infante acudió a la Corte para la doble celebración de las bodas de los Infantes Carlota-Joaquina y Gabriel con príncipes portugueses. Volvió muy enfermo y resentido al conocer la consideración desigual de que siempre había sido objeto por parte del rey su hermano.

Goya comenta el 30 de marzo de 1785, por carta a su amigo Zapater:

“Ayer fue el Rey con su familia a Atocha, el pobre Infante Don Luis no pudo salir a despedirles, pues se encontraba en el Palacio, está muy malo. Hoy le he besado la mano por despedida, que se marchaba a su casa de Arenas, le he visto a menudo estos días y creo que no saldrá de ésta…”

Los síntomas eran de neumonía o de cáncer del aparato digestivo, según parece.

El rey le escribe el día 5 de agosto:

“…hermano de mi vida y de mi corazón: he recibido con el mayor gusto tu carta… pero siento más infinito lo que me dices que a veces no puedes llegar al cazadero por lo débil que estás…”

La enfermedad empeoraba y se pidió permiso al rey para trasladar al Infante al clima más fresco de Boadilla, pero concedida la autorización, se negó Don Luis a viajar por no poder hacerlo con su familia. A fines de junio, no pudo escribir a su hermana, la reina de Cerdeña, por encontrarse muy débil. El 5 de agosto recibía la extrema unción y escribe su última carta al rey:

“Hermano de mi alma, me acavan de sacramentar, te pido por el lance en que estoi que cuides de mi muger y de mis Hijos y de mis pobres criados y a Dios.”

La muerte le sobrevino el 7 de agosto de 1785, a las 05 h. 45 de la mañana.

Dió orden en su testamento de que se diesen 2.000 misas por su alma y ser enterrado en la capilla de su palacio de Boadilla y, si no era posible, en la de Chinchón. Sin embargo, Carlos III ordenó que se le diese sepultura en la Capilla Real del Santuario de San Pedro de Alcántara, centro de espiritualidad de toda la comarca.

También decretó el monarca, que se guardara luto por 3 meses en la corte, el primero de ellos riguroso. El cadáver del Infante permaneció 5 días de cuerpo presente, por voluntad del mismo y en pleno mes de agosto, como queriendo que su hermano se desplazara a Arenas, cosa que no hizo Carlos III.

Le dieron sepultura el 11 de agosto, el féretro se cerró con 3 cerraduras, una de plata y dos de bronce, una permaneció en el convento y las dos otras se las dieron al rey.

De su familia también dispuso el rey. La altanera Maria-Teresa quedó confinada en su palacio de Arenas hasta 1792, y la educación de sus hijos fue encomendada al arzobispo de Toledo, trasladando a Luis María al palacio arzobispal y a sus hermanas al monasterio cisterciense de las Bernardas de Toledo. Los tres hermanos iban, posteriormente, a participar activamente en los acontecimientos liberales de principios del siglo XIX.

El Infante Don Luis dejó una sustanciosa herencia a su hijo Luis María. Quedaban las fincas de Velada y de Arenas, el condado de Chinchón, el señorío de Boadilla del Monte, una importante colección de animales disecados, un diminuto zoológico, el gabinete de ciencias con instrumentos físico-matemáticos, un incipiente laboratorio de física y astronomía, la enorme biblioteca (acrecentada con la colección del marqués de Gamoneda) y una muy notable pinacoteca y galería de arte con obras de Da Vinci, Guido Reni, Anton Raphael Mengs, Andrea del Sarto, Coello, Durero, etc.

El Infante, junto a su sobrino el Infante Don Gabriel, fue el más culto e interesado por las artes del siglo XVIII.

En 1800, los restos del Infante Don Luis fueron trasladados, con todos los honores de príncipe real, al Panteón de los Infantes de El Escorial, por orden expresa del rey Carlos IV. De este modo, se reparó la injusticia cometida por Carlos III.

DonLuisdeBorbón-PalacioReal-PatrimonioNacional-ColecSueca-287x300Tumba del Infante don Luis de Borbón y Farnesio (tumba a la derecha de la imagen), en el Panteón de Los Infantes del Monasterio de El Escorial, bajo la denominación de “Lvdovicvs, Philippi V Filivs” (Luis, hijo de Felipe V).

Tumba del Infante don Luis de Borbón en el Panteón de los Infantes del Monasterio de El EscorialTumba de la Condesa de Chinchón, María Teresa de Borbón y Vallabriga, (segunda hija del Infante don Luis de Borbón y esposa de Godoy), en la capilla del Palacio de Boadilla del Monte.

Tumba de la Condesa de Chinchón en la Capilla del Palacio de Boadilla del MonteTumba de María Luisa de Borbón y Vallabriga, Duquesa consorte de San Fernando de Quiroga (hija menor del Infante don Luis de Borbón), en la sacristía de la capilla del Palacio de Boadilla del Monte.

Tumba de María Luisa de Borbón y Vallabriga en la Sacristía del Palacio de Boadilla del Monte

 


Comentarios

El Infante don Luis de Borbón y Farnesio — 4 comentarios

  1. Pingback: La Condesa de Chinchón y Boccherini protagonizan el fin de semana en Arenas de San Pedro

  2. Pingback: La Condesa de Chinchón vuelve al Palacio de la Mosquera

  3. Pingback: La Condesa de Chinchón en el Palacio de la Mosquera

  4. Felicito la página web de información del Infante don Luis, muy completa e interesante.

    Queremos indicar que las hijas del infante nacieron en el Palacio de Velada, estando demostrado en documentos originales que vivían en dicho Palacio cedido por los Condes de Altamira. “daba miedo volver a alumbrar en Arenas”. No es correcta la opinión de don Eduardo Tejero que está en su libro. No olvidemos que el segundo hijo murió en Velada.

Deja un comentario